Hay un mecanismo del sistema eléctrico español que la mayoría de las pymes ni siquiera sabe que existe, y que invierte por completo la lógica habitual de la factura de la luz: en lugar de pagar por consumir, tu empresa puede cobrar por dejar de hacerlo, en el momento exacto en que la red lo necesita.
Se llama Servicio de Respuesta Activa de la Demanda, SRAD para abreviar, y lo gestiona el operador del sistema eléctrico. La idea es sencilla: hay momentos puntuales en los que la red eléctrica sufre una sobrecarga y necesita aliviar presión rápidamente. Tradicionalmente esa función la cubrían centrales de respaldo, encendiéndose para generar más. Pero hay otra forma de conseguir el mismo efecto: que algunos consumidores reduzcan su demanda justo en ese instante. Y por hacerlo, cobran.
Hasta hace relativamente poco, esto era terreno exclusivo de la gran industria: fábricas con capacidad de parar líneas de producción durante unos minutos, o instalaciones con un consumo tan grande que su reducción puntual ya suponía un alivio real para la red. Para una pyme, participar en solitario era imposible, ya que el volumen mínimo de reducción exigido estaba muy por encima de lo que cualquier negocio mediano podía ofrecer.
Lo que ha cambiado el panorama es la figura del agregador de demanda. En lugar de que cada empresa negocie su participación por separado, un agregador suma la capacidad de reducción de varios clientes (una nave por aquí, una oficina por allá, un negocio con cierta flexibilidad…) hasta alcanzar el volumen necesario para acceder a las subastas del mercado. La empresa no necesita entender de mercados eléctricos ni lidiar con el operador del sistema: eso lo gestiona el agregador. Lo único que aporta es su capacidad de bajar el consumo cuando se le pide, algo tan simple como retrasar unos minutos el arranque de una máquina, ajustar temporalmente la climatización o desplazar procesos no críticos.
Y aquí está el punto que de verdad interesa a cualquier directivo: esto no exige inversión. No hay que comprar equipos nuevos ni cambiar de comercializadora. Se trata de identificar qué parte del consumo de la empresa tiene margen de flexibilidad y ponerla a disposición del sistema a cambio de una retribución económica.
Pero no todas las empresas tienen el mismo potencial. Negocios con procesos continuos y sin ningún margen de maniobra tienen menos que ofrecer que empresas con maquinaria que admite pequeños desplazamientos horarios. Pero el primer paso, antes de descartarlo, es simplemente preguntarse si hay algo en el consumo que pueda esperar quince minutos si a cambio te pagan por ello. Para muchas pymes, la respuesta sorprende, y es exactamente el tipo de pregunta que conviene hacerse antes de dar por hecho que la factura de la luz es solo un gasto fijo con el que no se puede hacer nada más.
Esa pregunta, sin embargo, solo tiene sentido si primero conoces bien tu propio consumo. En OIIO empezamos justo por ahí: analizamos el consumo real de cada empresa para identificar si existe margen de flexibilidad aprovechable, el paso previo indispensable antes de plantearse el SRAD o cualquier otra vía para sacarle partido. Porque antes de mirar hacia fuera, conviene tener muy claro qué está pasando puertas adentro. Comprueba cuánto podría ahorrar tu empresa con OIIO.